Las otras familias

Se supone que esta semana deberíamos escribir sobre nuestras familias, o algo así. En ese aspecto tendría toneladas de cosas para escribir, pueden creerme. Desde lo bueno, hasta lo peor. Pero no tengo ganas de detenerme en mi familia sanguínea, que es como todas las demás, un quilombo😄. Quiero hablar de esas familias adoptivas que todos vamos formando a lo largo de nuestras vidas.

Tenemos dos o tres amigos que son como nuestros hermanos, o más que eso. En mi caso yo siento que con ellos, nada nunca puede estar mal. Por supuesto que nos enojamos, y eso, pero por pavadas, que las olvidamos a los dos segundos. Estamos cuando el otro está en la hoja, de forma incondicional. Y acumulamos una cantidad de experiencias, y vivencias, que en algunos casos recordamos cada vez que se puede, y otra permanece secreta, en esa comunión única que hay.  De todo esto vamos formando una especie de código, de lenguaje secreto, que solo nosotros entendemos, y que muchas veces no necesita ser hablado.  Sabemos que existe, y eso nos basta.

Después tenemos madres adoptivas, generalmente se trata de amigas, que se preocupan por nosotros más que nosotros mismos. Aconsejan, y tratan de mandar, pero si yo no le hago caso a mi madre posta, mucho menos a una adoptiva😄. Aunque muchas veces sí que saben aconsejar, escuchar, y estar ahí. Y esas cosas que nos dicen quedan dando vueltas en nuestras cabezas, sabiendo que tienen razón, por más que nos cueste aceptarlo.

También existen, tíos, primos, y abuelos adoptivos. Son esos que no vemos muy seguido, pero con los que siempre es bueno reencontrarse. Los abuelos son aquellos que siempre se quejan por todo, que siempre les sale algún problema para juntarse, tienen algún achaque, o son hipocondriacos, (muchas veces entre hermanos suelen acusarse de abuelos, pero es que todos tenemos un poco de estos, aunque nadie quiere ser el abuelo). Con los tíos y primos por lo general está todo bien, a veces se da algún conflicto, que puede terminar mal, o bien. Eso dependerá de la buena relación que haya, aunque es usual que algún tío desaparezca, y aparezca mucho tiempo después.

Bueno, me salió re hippie esto, pero igual, va para todos, esos hermanos, madres, tíos, primos, y abuelos adoptivos que hay por ahí. Sé que a algunos les va a parecer una pajería eso de somos todos una familia😄 y a mí en parte también me lo parece, pero que se le va a hacer, una oveja negra tiene que haber.

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Desventajitas de vivir en Uruguay

La verdad es que la mayor desventaja que le veo a vivir en este país, es la de la política fiscal.

Muchas veces he preguntado por ahí por la porquería del IRPF, y me dicen que así podemos vivir como en Suiza, que antes estaba el IRP que era peor (minga, antes era de un 6%), y otro millón de cosas con las cuales estoy en completo desacuerdo.

Primero, porque no veo que mi dinero redunde en mejorías, sin embargo, todos los planchas tienen celulares nuevos, no consigo un número en la mutualista ni aunque me maten (bienvenido, FONASA), el servicio mismo de las mutualistas va en decadencia; las carreteras, si no fuera por que se concesionan, estarían en horrible estado; estamos financiando gremios mafiosos como ADEOM, gente que no quiere laburar, gente que se agrega día a día al aparato del Estado, aumentando en billones el presupuesto…

…y claro, así no se puede sacar el impuesto, obvio, ¿sino quién va a financiar a todos estos nuevos que entraron?. Digamos que, sanguijuelas sobran.

He visto intento de mejorías en la parte de que se le pague mejor salario a los policías, por ejemplo. Pero la educación, otro gremio mafioso, sigue siendo espantosa a nivel de CODICEN y ANEP, y no hay un puto plan estable de educación, todos los años varía y decrece, y así no quieren menores delincuentes.

No puede ser que sólo yo me de cuenta de esto.

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3millonesy1/2

The Night is here

foto mía btw😄

Una de las primeras desventajas de vivir en Uruguay que se me ocurren. Es el hecho de que hay poca gente. Esto repercute en demasiados aspectos, por ejemplo, hay cosas que por el poco mercado son muy difíciles de conseguir, o directamente imposibles. Libros, discos, artículos de fotografía, (sobretodo analógica) y así con un montón de cosas que se les ocurran. También las pocas cosas que podes conseguir acá, son exorbitantemente caras, al punto de salir más del doble de lo que salen en cualquier otro lugar.

La escasez de población a su vez influye en la movida que tiene el país, ya sea cultural, donde es muy difícil encontrar espectáculos interesantes, y de nivel internacional (MUY difícil un Metallica en la Ramírez, o el Centenario XD). Hasta lo mucho que demoran los cambios en generarse, ya sean culturales, políticos, económicos, o sociales (es gracioso, porque al ser poca gente, se supondría que los cambios serian más rápidos, pero no).

Aunque el que haya poca gente en nuestro país puede que tenga sus ventajas, es cierto que cuesta un poquito más verlas, pero existen.  Sin dudas que el ritmo de vida es mucho más tranquilo, desacelerado, y sin dudas saludable. No hay un tráfico insufrible, ni servicios que estén desbordados (si a veces pasa, no es lo más común). Supongo que una población y un territorio pequeño son más fáciles de gobernar, que en un país gigantesco, y superpoblado, capaz que mando fruta, pero me parece que en un país con poca población y de tamaño reducido es más fácil hacer llegar los servicios públicos, a la gente. También, aunque quizás esto en los últimos tiempos sea algo más discutible, se vive con cierta tranquilidad, y sensación de estabilidad, o por lo menos yo lo siento así.

Algo que algunas personas ven como una ventaja, y otros como una desventaja, es el famoso dicho de “acá nos conocemos todos”. Para algunos es algo divertido el hecho de descubrir que algún amigo suyo, a su vez es conocido de otra persona que él conoce, (muy común ahora con el crecimiento de facebook). Personalmente no me agrada demasiado eso, soy de pensar que pueblo chico, infierno grande, y es que la gente habla, y acá si querés te enteras de todo. También está la típica situación de que una persona comienza a tener éxito en su vida, y ya saltan los rumores de “algo malo estará haciendo”. Y es que se ve que nos encanta meternos en la vida de los demás y comentar, y maquinar, generalmente con mala intención. Por eso es que en Uruguay no funcionan los programas de chismes, porque nos divertimos más hablando de la vida de fulanito, el vecino que dejo a la novia.

Pese a todo esto, considero que tengo suerte de haber nacido acá, ya que pese, a no conseguir un libro, o tener la posibilidad de que mis bandas favoritas toquen en el Centenario*. Prefiero la vida tranquila que ofrece este país, por lo menos ahora es así, quizás en algún momento cambie mi perspectiva, y vuele a otro lugar, que brinde otras cosas, pero que me haga renunciar a muchas también.

*Además, para todo eso tenemos Buenos Aires cerca😄.

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Ventajitas de vivir en este país

La señora fortuna ha querido que me cruce con varios gringos y gringas en mi vida, muchos de ellos viviendo aquí, o que piensan radicarse aquí. Yo no soy muy fan de este país, bah, me gusta, pero le veo más desventajas de las posibles ventajas que pueda encontrarle.

Entonces, cada vez que me cruzo con alguno radicado acá les pregunto: ¿Qué le ven a éste país?

La respuesta más sencilla por lo general son las costas. Es raro tener un país con costas, para nosotros los nativos será muy común ver agua, pero nomás para un porteño, tener que cruzar kilómetros y kilómetros para ver un cachito de agua es una odisea.

Voy a contar una anécdota de hace algunos años acerca de este aspecto: Íbamos con unas amigas a Araminda, en donde alquilamos una casita para pasar unos días del verano. Mientras nos estábamos aprontando para ir a la playa, dos de las chiquilinas, que son argentinas, se ponían tacos altos, lápiz de labios y un montón de cosas más, mientras las uruguayas agarrábamos un par de chancletas y un pareo zaparrastroso.

Me llamó la atención que estas dos mujeres se prepararan como para ir a la entrega de los Nobel, y les pregunté a qué iba tanto glamour. Y me contestaron que para ellas ir a la playa era una salida como ir al shopping. No se si acontece con todas las mujeres argentinas, pero  si es así es curioso cómo se comportan las personas dependiendo del lugar del planisferio en donde vivan, así quede cerca de nuestro país.

Otra anécdota, es que en uno de estos torneos de fumada lenta de pipas que organizamos acá en Uruguay, un argentino me dijo “Me gusta mucho Uruguay, porque cada vez que te ponés en una bocacalle, ves el horizonte. En Buenos Aires sólo ves edificios”. Y esto lo comprobé y es así.

Pero, volviendo al tema anterior, indagando más profundamente, les pregunté a un amigo del Reino Unido y a una Noruega, en diferentes ocasiones, qué era, más allá del agua, lo que les gustaba de este país, porque los impuestos son criminales, inclusive para un europeo.

Recibí dos respuestas bastante similares:

  1. Es un lugar en el que no temés por tu vida, porque no hay terremotos, no hay tsunamis, no hay pandillas, no hay guerras arbitrarias, no hay terrorismo, no hay ese montón de cosas que ni un millón de dólares en impuestos hagan que te vayas de acá.
  2. Es un lugar que es difícil que no te sientas como en casa, porque es chiquito, la gente es amable (yo pondría sobre la balanza algo de esto) y no te hacen sentir lejos. La xenofobia es rara de ver también, y eso se paga en la calidad de la gente que habita este país.

Está bien, si me lo dice un primer mundista yo se lo creo, porque ya sea donde vivían cualquiera de estos dos, en donde hay autopistas de verdad, en donde vayas donde vayas hay un wifi, o una montaña hermosa, o una Reina que saluda desde un balcón, lo cambiaron por vivir acá. Y eso tiene que tener un valor más allá de todo lo que conocemos por primer mundo.

No quiero parecer el reclame de Schneck (cómo se tararon: ese reclame tendría que haber sido por el bicentenario, y sin embargo fue financiado por pancheros) pero está bueno vivir acá, y ese comercial muestra porqué: Lo que nos define como uruguayos no es la bandera, no es el himno cantado por sordomudos, no es una vedette de veinte años ni un señor murguista acompañado de niños preescolares: es toda la gente en general, todos los que habitan este país.

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El pulso de esta ciudad

Esta semanita tenemos la propuesta de hablar de las ventajas y desventajas de vivir en Uruguay. Para poder hacerlo, primero y antes que nada, una breve introducción:

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Todas las ciudades tienen su pulso, su vida, su crecimiento y su muerte. No están vivas, pero se las puede sentir vivir. Se puede sentir como hay zonas que viven y se expanden, como órganos sanos, y otros se van muriendo de forma agonizante, como si un cáncer las hubiera tomado.

Y algunas ciudades, especialmente de este lado del mundo, son tentaculares: van absorbiendo sus alrededores, formando una gran masa de gente, sin demasiada planificación de por medio, absorbiendo más y más, pero también excluyendo más y más, por sobrepasarse los límites de lo razonable, haciendo que sus ciudadanos, nosotros, también vayamos perdiendo de a poco la razón.

Para conocer el pulso de la ciudad, no hay más remedio que vivir en ella: cualquier turista, por más tiempo que pase acá, nunca lo va a poder entender. Va a ver lo que quiere ver, va a ver una versión acartonada y plana de una realidad que tiene tres dimensiones: hay una dimensión oculta, que no llegamos a ver, sino a intuir, que buscamos conocer aún sin darnos cuenta, esperando que la próxima esquina, la próxima vivencia, la próxima noche que gastemos caminando entre sus bares y bailes, sea la que en definitiva nos muestre esa tercera dimensión, la profundidad, y que lleguemos a una comunión verdadera y aceptemos de verdad esta ciudad.

Porque las personas que viven en una ciudad no la aceptan del todo, reniegan de ella, siempre le ven defectos y ven cosas que se hacen mejor acá y allá, y se quejan de estar acá, teniendo en mente otro lado o no. A los montevideanos, en general, no les gusta Montevideo, preferirían pasar su vida en un balneario tranquilo. Los que viven en un balneario tranquilo, por otro lado, preferirían estar un poco más metidos en el ruido, no tan alejados de todo. Y así, todos se van quejando: algunos se van (en Uruguay, muchos se van) pero muchos se quedan, viven acá, crecen acá, aman acá, lloran acá, mueren acá. Porque esta es su casa, una casa grande y deforme, pero nuestra al fin, en la que nos chocamos cada tanto, nos conocemos cada tanto, y también nos perdemos.

Podemos esbozar esa realidad que no vemos, esa realidad que se escapa a los ojos ajenos, solo nos tenemos que tomar el trabajo de hacerlo. Tenemos que buscar encontrar eso que, sabemos, está en alguna parte: la verdad, la pura y dura realidad, toda la mierda y toda la magia que se juntan en cualquier esquina. Y la podemos encontrar, porque el pulso de la ciudad, es en definitiva, el pulso que nos hace estar vivos.

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